Sáhara Occidental: silencio e indiferencia (I)

Fotografía: Fran García (Flickr)

El 14 de noviembre de 2020 el Frente Polisario declaró a Marruecos la «guerra total» al considerar roto el alto al fuego firmado entre ambas partes 29 años antes. Se produjo entonces la combustión de una llama prendida varios siglos atrás. Una que, por desgracia, continúa sin tener voz.

El pasado mes de noviembre, un grupo de civiles saharauis inició un bloqueó en el paso fronterizo de El Guerguerat (que conecta el Sáhara Occidental con Mauritania) como reivindicación ante las «violaciones de derechos humanos» y el «saqueo masivo de recursos» marroquíes en el territorio.  Marruecos, al ver comprometida su principal vía de intercambio comercial con la vecina Mauritania, respondió al bloqueo con una operación militar con el fin de desalojar a los civiles saharauis y volver así a la «normalidad». Sin embargo, la decisión de Marruecos provocó la declaración de la «guerra total» por parte del Frente Polisario, al considerar roto el alto al fuego firmado 29 años atrás. Desde entonces, entre ambas zonas calientes, se suceden ofensivas militares a diario.

El del Sáhara Occidental es, posiblemente, el conflicto más olvidado de los últimos tiempos a nivel mundial. El abandono de los diferentes actores políticos implicados —entre los que se encuentra España— ha provocado que la situación continúe hoy casi en el mismo punto que hace cuarenta años. Un conflicto silenciado e incomprendido; del que falta información y, sobre todo, contexto. Algo preocupante, pues, para entender el hoy es imprescindible conocer el ayer.

El ayer

Los intereses españoles en el Sáhara se remontan más de cinco siglos atrás, concretamente al siglo XV. El primer acercamiento al territorio se produjo en el año 1476, con el conquistador Diego García de Herrera a la cabeza, quien mandó edificar un fuerte que bautizó como «Santa Cruz de la Mar Pequeña». Desde esos lejanos años imperialistas, España mantuvo el foco en el territorio, al concebir este como un enclave estratégico del que poder sacar mucho partido. En 1885, España reclama el Sáhara. Cuarenta y nueva años más tarde y a las puertas de la Guerra Civil, en 1934, España ocupa la zona.

Con el estallido de la Guerra Civil española y la irrupción de Franco en el poder, el trascurso del conflicto cambia. Tras la II Guerra Mundial la ONU instó a los países europeos a llevar a cabo una descolonización de los territorios invadidos forzosamente durante la guerra. España otorga en ese momento la independencia al Protectorado Español de Marruecos. A principios de los años 60, la ONU insiste en la importancia de llevar a cabo la descolonización del Sáhara Occidental. Sin embargo, Franco se niega a renunciar a una colonia que le resulta tan beneficiosa a nivel económico y logístico. Marruecos y Mauritania comenzaron en ese momento a reclamar también el Sáhara con el fin de anexionarlo a sus respectivos territorios.

Paralelamente surgió en el Sáhara el Movimiento de Liberación de Saguia-el Hamra y Río de Oro, dirigido por Mohamed Sidi Brahim Basir; una agrupación que integraba las miles y miles de personas que reivindicaban su derecho a la autodeterminación como pueblo. Franco, incapaz de aceptar la idea de perder su hegemonía en el territorio, inició una estrategia de acercamiento con los territorios. Con el objetivo de lanzar un mensaje de preocupación e interés por las condiciones de vida y aspiraciones de los saharauis, optó por retirar al Sáhara la condición de colonia e integrarla como una provincia española más. Una estrategia de imagen. En ese momento, los saharauis adquirieron la nacionalidad española.

Poco tiempo después de ese suceso, el Movimiento de Liberación, llevó a cabo un levantamiento en el Aaiún —ciudad más importante del Sáhara—, que concluyó sin éxito con más de cuarenta muertos. El suceso provocó la disolución del movimiento. En el plano internacional, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó un referéndum de autodeterminación para el Sáhara (a través de la resolución 2711). En un primer momento, Franco se negó a ello. Pero, poco después, rectificó y lo fechó para el año 1975.

En el 1973 surgió el Frente Polisario (un grupo de liberación nacional que todavía hoy persigue por la autodeterminación del pueblo saharaui).

En la década de los 70, el rey Hassan II de Marruecos, con una imagen muy debilitada tras dos golpes de estado en su contra, inició una estrategia para hacerse con el Sáhara (con la confianza en que eso reforzaría su posición política en el país). En 1975 se opone a la celebración del referéndum de autodeterminación fijado por España para ese mismo año y, aprovechando la crisis económica de España y la incierta salud de Franco, inició la invasión del Sáhara, bajo el nombre de «Marcha Verde», con la financiación del gobierno saudí y el beneplácito de la CIA estadounidense (según informes diplomáticos recientemente desclasificados). La ONU, se aprobó diferentes resoluciones —como la 379— que exhortaban a ambas partes a «evitar cualquier acción unilateral o de otra índole que pueda intensificar más la tirantez en la región». Estados Unidos y Francia se posicionaron a favor de la invasión marroquí (ya que el Frente Polisario tenía como aliado a Argelia y este a su vez, a la Unión Soviética). Un apoyo indirecto al enemigo que no estaban dispuestos a aceptar en plena Guerra Fría.

El debilitado estado de salud de Franco, obligó al emérito rey Juan Carlos I —por aquel entonces todavía príncipe de Asturias— a tomar las riendas en la gestión del conflicto del Sáhara. El 14 de noviembre, se firmaron en el Palacio de la Zarzuela los Acuerdos Tripartitos de Madrid; por los que España se comprometía —entre otras cosas— a abandonar el Sáhara y transferir la administración territorial al Marruecos de Hassan II y la Mauritania de Moktar Ould Daddah.

Dentro de los propios acuerdos, más allá del abandono del territorio de las tropas españolas, existen anexos secretos —de los que se han filtrado ciertas partes— relacionados con intereses puramente económicos y logísticos de los tres países en el territorio. La ONU, no reconoce los acuerdos firmados, amparándose en un aspecto clave: la ausencia de la parte saharaui en la firma. Por ese motivo, en la actualidad, la ONU todavía concibe el Sáhara como un territorio pendiente de descolonizar cuyo administrador único es España.

El febrero del 1976, un año después de la firma, el Frente Polisario proclamó la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) con El Uali como presidente (que muere ese mismo año en un ataque en la capital mauritana de Nuakchot). Desde el año de la proclamación de la RASD, se sucedieron varios ataques en Mauritania como acto de presión para que el país liberase su parte de dominio del Sáhara. En 1979, Mauritania no soportó la presión y se retiró definitivamente del Sáhara Occidental. Sin embargo, Marruecos —incapaz de reconocer al Frente Polisario como administrador de la zona—  anexionó su territorio a la zona recién abandonada por Mauritania. La ONU, reconoce a Marruecos, desde entonces, como una potencia ocupante y al Frente Polisario como representante legítimo del pueblo saharaui.

Durante la década de los 80, Marruecos cambió de rumbo e inició una nueva estrategia logística. Con la intención de proteger sus territorios ocupados de las incursiones del Frente Polisario, comenzó la construcción de un muro de más de 2.000 kilómetros. Una zona militar minada y con vallas que alcanzan los tres metros de altura. Durante los años sucesivos se sucedieron enfrentamientos entre ambas partes. Marruecos llegó incluso a atacar ciertos territorios saharauis con napalm. En 1991, la ONU desplegó una pequeña misión de paz. Tras ella, Marruecos y el Frente Polisario firman un alto al fuego.

La zona del Sáhara ocupada históricamente por Marruecos es la más valiosa en cuanto a recursos y a logística. Por el contrario, la más pobre, está controlada por el Frente Polisario. Zona, esta última, en la que viven solamente 30.000 personas, ya que la mayoría de los saharauis residen en los campos de refugiados de Tinduf en Argelia.

El hoy

España se comprometió a celebrar un referéndum de autodeterminación en el territorio en el año 1975. Cuarenta y cinco años han pasado y la situación, hasta el estallido de la guerra el pasado noviembre, se mantenía constante. El desamparo de las diferentes partes implicadas en el conflicto (tanto España como potencia administradora como organismos internaciones como la ONU) ha permitido la perpetuación de la hegemonía marroquí sobre el territorio. La falta de trasparencia en la firma de los acuerdos también ha jugado su papel, favoreciendo que se cierna sobre el conflicto una sombra oscura.

Desde la declaración del estado de guerra hace algo más de cuatro meses, se suceden en el territorio ataques cruzados casi diarios entre ambas partes. Sin embargo, la situación parece, como desde el inicio del conflicto, avanzar hacia ninguna parte.

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Paula Ramos

Paula Ramos Barral (A Coruña, 2000) estudia Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Es coordinadora y redactora en Infoactualidad. Colabora en revistas como Jot Down o La Soga y en el podcast Telón y Cuenta Nueva con una sección sobre literatura. Es la fundadora y directora de Reportados, un canal de entrevistas y reportajes de cocción lenta.

Paula Ramos

Paula Ramos Barral (A Coruña, 2000) estudia Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Es coordinadora y redactora en Infoactualidad. Colabora en revistas como Jot Down o La Soga y en el podcast Telón y Cuenta Nueva con una sección sobre literatura. Es la fundadora y directora de Reportados, un canal de entrevistas y reportajes de cocción lenta.

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