De la moción fracasada en Murcia a la vuelta de la aznaridad: apuntes sobre las elecciones madrileñas del 4M

Una moción de censura fracasada en Murcia ha realizado cambios históricos en la política española. Con esta moción, Ayuso vio la excusa perfecta para proclamar elecciones en su mejor momento demoscópico, pasando de ser una loser que ganó de suerte a convertirse en una verdadera líder en su partido y fuera de éste. Con estas elecciones, Ayuso ha conseguido lo que buscaba:  evitar cualquier posibilidad de moción de censura de la oposición que la quitara del Gobierno, quitarse de en medio a Cs como socio de Gobierno y gobernar con mayor libertad, validarse como líder ante los malos resultados obtenidos en 2019 y posicionarse como líder de su propio partido frente a Casado, volviendo a unificar a la derecha tal y como soñaban en FAES.

El triunfo de la emoción frente a la razón

Uno de los principales motivos de este resultado electoral ha sido la incapacidad que han tenido los partidos de la izquierda de disputar el significante vacío de “liberdad” a pesar de sus intentos, con el cual, la presidenta, ha marcado la agenda casi continuamente. Además de esto, Ayuso ha sido capaz de dibujar un horizonte imaginable y palpable (la vuelta a la normalidad) a los madrileños con un discurso centrado en la emocionalidad y en los afectos capaz de satisfacer y conectar con los anhelos de la población (posibilidad de tomar una caña con tus amigos, de viajar de visitar a tus familiares) que está viviendo la pandemia y sus consecuencias. Un discurso y un horizonte al que sus adversarios no han sido capaces de dar una alternativa.

De esta manera, Ayuso ha conseguido que triunfe el querer pasarlo bien, el querer ir a una discoteca y el no pensar frente al profesor aburrido y casi de otra época, a la médica que nos trata de sacar nuestro lado más responsable o al candidato radical denostado por los medios de comunicación que nos quiere hacer pensar. Así, triunfa el querer tomarse una caña o irse de festival a los muertos por la mala gestión autonómica de la pandemia, al colapso de los hospitales o al cierre de los centros de salud: el triunfo de la emoción (y de lo que nos hacen sentir) frente a la razón.

Enfrentarse a un Gobierno desgastado por una crisis sin precedentes

Esta estrategia de Ayuso se ha complementado con su enfrentamiento al Gobierno central especialmente durante el último año. Su equipo sabía perfectamente que, desde el inicio de la pandemia, para la mayoría de los españoles el responsable de la gestión de la pandemia debía ser el Gobierno Central y no los gobiernos autonómicos y municipales, situación que, unida al desgaste que cualquier crisis provoca al partido que esté en el Gobierno,  generaba la  oportunidad perfecta para que Ayuso se posicionara como líder haciendo campaña frente al Gobierno central en lugar de hacerlo frente a sus adversarios políticos .

Por todo ello, Ayuso ha estado en permanente campaña contra el Gobierno central, culpabilizando al Gobierno de todos los males de la pandemia, acusándole de dictador cuando declaraba Estado de alarma y de abandonar a Madrid cuando daba las competencias a las autonomías, tratando de agudizar el desgaste del Gobierno a la vez que se posicionaba como la líder defensora de Madrid frente al Gobierno culpable de todos los males de la pandemia.

La renuncia a quemar un buen candidato por parte del PSOE y la imposibilidad de la izquierda de conseguir exvotantes de Cs

Junto a esto, el PSOE, entendiendo la inminente victoria de Ayuso, la estrategia de ésta y la proximidad de unas nuevas elecciones en la CAM dentro de dos años, se lo pone fácil y decide no quemar a una posible candidata transversal y con alguna posibilidad. Con ello, renuncia casi a disputar las elecciones eligiendo de nuevo a Gabilondo, un político resultón en el pasado, que había perdido buena parte de su prestigio político por su desaparición como líder de la oposición en la CAM y que generaba cierto consenso social en la población respecto a que era un mal candidato para el momento político que se estaba viviendo. Una decisión que, sin duda, ha influido en que el PSOE haya sacado uno de sus peores resultados en la CAM, no sólo no cogiendo un solo de los más de 500.000 votos perdidos por Ciudadanos, sino que perdiendo más de 274.000 votos y pasando, en dos años, de ser la primera fuerza a ser la tercera, siendo superados por Más Madrid.

Sin embargo, aunque tanto Más Madrid como Unidas Podemos han mejorado sus resultados con respecto a las elecciones de 2019, ambos no sólo no han conseguido voto alguno de Ciudadanos sino que ni siquiera han aumentado en total los más de 274.000 votos perdidos por el PSOE, faltándoles más de 55.000, lo que muestra cierta falta de transversalidad.

El efecto Iglesias y la falacia de que la movilización beneficia a la izquierda

Cabe decir que la decisión de Iglesias de abandonar la vicepresidencia del Gobierno para presentarse a las elecciones de la CAM, sin duda, ha servido para que Unidas Podemos no desaparezca de la Asamblea de Madrid y, posiblemente, para movilizar sectores de izquierdas que no hubieran ido a votar de no haberse presentado Iglesias. No obstante, con toda probabilidad, el rechazo a Iglesias ha movilizado a muchos sectores de la derecha que no estaban movilizados a la vez que un posible pacto de Gobierno con él ha espantado a exvotantes de Cs que podrían haber votando a PSOE y, en menor medida, a Más Madrid, lo que ha neutralizado la movilización de los barrios populares.

Los tímidos resultados de Más Madrid, ¿un futuro esperanzador?

Con una candidata médica en plena pandemia como Mónica García, Más Madrid ha conseguido afianzarse en la Comunidad obteniendo más de 138.000 votos de los que obtuvo en 2019 y 4 escaños más, un resultado que sin ser arrollador les ha servido para quedar como segunda fuerza en la Comunidad y ser líderes de la oposición tanto ésta como en el Ayuntamiento, cosa les hará tener una mayor proyección nacional ya sea para presentarse en futuras elecciones como Más País o para tener un mayor peso en una posible plataforma electoral junto con las formaciones de Yolanda Díaz, Mónica Oltra o Ada Colau entre otras.

La reconstrucción del PP de antaño y la vuelta de la aznaridad

Por todo esto, Ayuso, con un estilo parecido a una suerte de Trumpismo cutre, ha absorbido a Cs, paralizado a Vox, ganado más de 900.000 votos respecto a las elecciones de 2019 y obtenido más escaños que toda la izquierda junta, lo que le da verdadera libertad para gobernar. Unos resultados propios del PP de antaño que cumple los sueños húmedos de Aguirre y Aznar y que nos recuerda a aquella aznaridad “cejijunta y plana” “no muy experimentada en el pensamiento” que decía Vázquez Montalbán. Y, aunque, a priori, estos resultados no parecen exportables a un escenario nacional, se deben mantener los ojos abiertos pues, como reconocía el propio Vázquez Montalbán, “la dinastía Aznar ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma y se adapta a las circunstancias con una sabiduría rigurosamente posmoderna”.

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Agustín Haro

Agustín Haro León (Sevilla, 1989) es Graduado en Sociología (Universidad Pablo de Olavide), Máster en Estudios Latinoamericanos (Universidad de Salamanca) y Posgrado en Formación de Especialistas en Investigación Social y Análisis de Datos (Centro de Investigaciones Sociológicas). Actualmente trabaja en análisis de datos cuantitativos y cualitativos en diferentes empresas e instituciones.

Agustín Haro

Agustín Haro León (Sevilla, 1989) es Graduado en Sociología (Universidad Pablo de Olavide), Máster en Estudios Latinoamericanos (Universidad de Salamanca) y Posgrado en Formación de Especialistas en Investigación Social y Análisis de Datos (Centro de Investigaciones Sociológicas). Actualmente trabaja en análisis de datos cuantitativos y cualitativos en diferentes empresas e instituciones.

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