La Europa que me enseñaron

Ser europeísta es algo vacío que hay que llenar en base a experiencias, a vivencias, a mensajes y a referentes que han construido y construyen una identidad europea en la que cabemos todos y todas. Porque Europa es precisamente eso: no preguntar de dónde vienes y a dónde vas. Europa es una casa común. La Unión Europea nació para la paz, y ahora es garante de democracia, libertad y derechos humanos. Ese es el camino a seguir, y esa es la ruta que han dibujado y dibujan las mujeres y los hombres que nos enseñan qué es y para qué sirve Europa.

De Robert Schuman aprendimos que la UE era necesaria para la paz. Nos enseñó que Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho. La UE es la mayor creación de solidaridad y de confianza mutua de la historia. Sin olvidar qué pasó y cómo llegamos aquí. Sin olvidar que las balas deben ser parte del pasado y nunca volver a ocupar un lugar en el futuro. Europa no es ni tuya, ni mía. Es de todos.

Jaques Delors nos enseñó la voluntad por avanzar. La Europa de ayer no era igual que la de hoy, y la de mañana no será igual que la que tenemos ahora. El progreso debe ser el motor de la Unión Europea, contando con todos y sin olvidarse de nadie. En la UE confía mucha gente y la Unión tiene que responder a ese reclamo. Eso solo se hace estando a la vanguardia en políticas sociales, de igualdad y de protección a los más vulnerables. Queda mucho por avanzar. Queda mucho por conocer en una realidad tan dura como preocupante. La UE puede y debe aportar soluciones.

Con Simone Veil aprendimos que la UE no solo tiene padres fundadores, sino también unas madres que han contribuido a ser lo que somos hoy. En un mundo en el que los discursos de odio están renaciendo, Veil representa la supervivencia, el mensaje de que el rechazo al diferente solo conduce al horror. Dejó dibujados importantes pasos para acorralar a quienes excluyen, castigan, insultan, menosprecian o agreden a los que, dicen, no son como ellos. La ruta que tenemos que seguir es la de la inclusión y la defensa de los valores europeos. Nunca más puede movernos el miedo.

Jean Claude Juncker se despidió reconociendo los errores cometidos durante una crisis que, a la larga, abrió más brechas de las que cerró. Él mismo reconoció la excesiva dureza con la que se trató a Grecia en la Gran Recesión, y dejó un mensaje que debemos cambiar: Europa solo da grandes pasos hacia delante con las crisis. Solo bajo presión somos capaces de repensar nuestro modelo, algo que se ha vuelto a demostrar con la pandemia del coronavirus. La exigencia con la Unión ha de ser constante. Caer en el conformismo y en el hastío conduce a un estancamiento del que sería muy difícil salir. Tenemos que seguir trabajando por la UE en los momentos buenos, no solo en los malos.

El asesinato de Daphne Caruana nos recuerda que no hay libertades aseguradas. No hay que dar por hechos los derechos. La libertad prensa es un pilar básico en una democracia sana. Solo con un periodismo fuerte, comprometido con la lucha contra las desigualdades y capaz de defender el estado de Derecho se podrá avanzar hacia una mejor Unión Europea. Sin periodistas no hay periodismo y sin periodismo no hay democracia. Sirva el recuerdo de Daphne para seguir contando lo que ella ya no puede contar.

Tuvimos que esperar hasta 2019 para que la Comisión estuviera presidida por una mujer. Ursula Von der Leyen ha sido y es una defensora de los derechos de las mujeres y se ha convertido en un ejemplo a seguir por las mujeres y niñas europeas. Pero ser quien es no la ha librado de vivir en primera persona el machismo. El Sofagate abrió telediarios y llenó portadas, pero el mundo y Europa están llenos de historias de mujeres que necesitan ser contadas. Desigualdades a las que las mujeres se tienen que enfrentar todos los días. La Europa que tenemos que dejar a las generaciones futuras tiene que ser, sí o sí, feminista.

Y Europa no puede ser sin la gente. Los ciudadanos creen en Europa y Europa no puede dejar de creer en sus ciudadanos. No puede darles la espalda. Todo lo que se construya a partir de ahora tiene que construirse sobre el pilar más importante de todos: los europeos y europeas que quieren y se merecen ese espacio de libertad, paz, democracia, igualdad, solidaridad y progreso que es y debe ser la Unión Europea. In varietate concordia. Por una Europa unida en la diversidad. Por una Europa de todos y todas. El futuro está en nuestras manos.


Artículo escrito por: Celia Fernández Castañeda, Graduada en Relaciones Internacionales, y Emilio Ordiz, periodista especializado en Política y Asuntos Europeos.

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Emilio Ordiz

Periodista especializado en Política y Asuntos Europeos.

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