La Unión Liberal y el problema del centro político hace 150 años

O Donnell
Leopoldo O’Donnell (1809-1867).

La revolución de 1854 (la Vicalvarada), encabezada por los generales Espartero y O’Donnell, desalojó a los moderados del poder después de una década. En la legislatura del bienio progresista (1854-1856) se formó un grupo en el Congreso que se llamó Centro Parlamentario, embrión de la Unión Liberal, partido que ganó las elecciones en 1858 y que formó un Gobierno durante casi cinco años consecutivos —el Gobierno más duradero durante el reinado de Isabel II—.

La Unión Liberal se constituyó con la idea de ser un partido medio entre los moderados y los progresistas. Es decir, ocupar el centro político. Fue la primera experiencia de una formación de centro en España, y cómo se verá, uno de los problemas que tuvo este partido, su indefinición, sigue estando presente en las fuerzas de centro 150 años después (ver aquí).

Cuando se fundaron los primeros partidos liberales en España (1836-1837), éstos se dividían en moderados —a la derecha— y progresistas —a la izquierda—. Desde el primer momento, ya había grupos dentro de estos partidos que abogaban por la transacción entre ambos y crear un nuevo partido. Quienes mejor representaban esa opción era los denominados «puritanos» del Partido Moderado. La tendencia puritana era el ala izquierda del Partido Moderado y la más liberal. Los orígenes de esta tendencia los encontramos en el grupo «monárquico-constitucional» del mismo Partido Moderado, que en los años 1837-1840 aceptó la Constitución de 1837 y la alternancia en el poder para estabilizar el régimen. Esa Constitución, representaba para ellos la aceptable transacción entre los principios moderados y progresistas, el marco para la convivencia política para la mayoría de los españoles.

Se opusieron a la nueva Constitución de 1845 ideada por su propio partido y pasarían a promover la revolución de 1854 y al proyecto centrista de Unión Liberal. Su máximo exponente fue Joaquín Francisco Pacheco. La formaban, entre otros, Pastor Díaz, Istúriz, Borrego, Cánovas del Castillo, los generales Concha, Serrano, Méndez de Vigo y Ros de Olano. El núcleo originario de la Unión Liberal fue configurándose durante el bienio progresista en torno al grupo parlamentario que integraban los conservadores puritanos, los progresistas templados, liderados por Manuel Cortina y los jóvenes de orientación centrista que se incorporaban a la vida política, como Alonso Martínez. Un grupo diferenciado de los dos partidos históricos, con talante reformista[i].

Los puritanos deseaban terminar con el monopolio político del moderantismo. Para contrarrestar la polarización de los partidos y la sociedad, Andrés Borrego proponía la acción colectiva de las capas superiores de las clases medias como única solución posible a la disyuntiva de reacción o revolución. Para Borrego, un partido político de las clases medias sería el representante de los principios de orden y de libertad ajustada a las costumbres y necesidades morales de España[ii].

El pacto unionista descansaba en cuatro elementos: mantener la legislación económica del Bienio —la ley de ferrocarriles, la desamortización y la ley de bancos de emisión y sociedades de crédito; ampliar los contratos públicos a otros sectores; y dotar al país de nuevas infraestructuras a causa de los ingresos provenientes de la desamortización—. El proyecto económico debía ser ambicioso para integrar a los  sectores más amplios de las clases medias. Pero la Unión Liberal descansaba sobre una presunción: la destrucción de los partidos históricos. Si ésta no se consumaba hasta sus últimas consecuencias, el unionismo estaría siempre afectado por el peligro del reagrupamiento, en sectores opuestos, de quienes en su día habían participado en los pactos unionistas.

A principios de 1861 comenzaron a oírse las voces de los progresistas resellados por el poco énfasis que el Gobierno del general O’Donnell ponía en las reformas de carácter político. Por ejemplo, la prometida ley de imprenta, que todavía estaba vigente la de Nocedal en 1857. La Unión Liberal había promovido una nueva clase media, pero que la acababa dejando fuera de juego con su candidez reformista en materia política: para los progresistas resellados el pacto consistía en atraerla a las esferas de la acción política y no veían el día de consumar este propósito.

Antonio Ríos Rosas, en abril de 1861, disintió del partido junto a unos 40 diputados —resellados y del centro parlamentario—, al ver que las promesas políticas —ley de ayuntamientos y diputaciones, ley de imprenta, ley electoral— no se cumplían. Considerando que, por necesidad, se trataba de un grupo híbrido cuyo objetivo primario tenía que ser la obtención y retención del poder, no resulta extraño que la transigencia, y no el dogmatismo, fuese el atributo distintivo de la Unión Liberal. Resulta difícil definirla en los términos más o menos precisos que pueden aplicarse a moderados y progresistas.

La Unión Liberal trató de salvar a la Corona y propuso una solución innovadora al problema crucial del constitucionalismo liberal. Al mismo tiempo, se le acusaba de oportunismo y de pragmatismo, sin una ideología clara. De hecho, el partido tuvo un fuerte personalismo en O’Donnell, que intentó atraer a hombres de otros partidos, pero sin garantizar una lealtad ideológica[iii]. Cuando perdió el Gobierno en 1863, ya nunca volvió a ser el partido de centro de éxito que había sido durante su estancia en el poder.

Después de la muerte del general O’Donnell se unió a la revolución de 1868 y durante el sexenio democrático (1868-1874) representó el ala derecha de la coalición entre unionistas, progresistas y demócratas. Finalmente, el partido acabó desapareciendo al principio de la Restauración monárquica donde la mayoría de sus integrantes se unieron al Partido Conservador de Cánovas y algunos al Partido Liberal de Sagasta.

Uno de los problemas que tuvo la Unión Liberal fue su indefinición. Se basaba más en el pragmatismo y el personalismo del general O’Donnell que en una base ideológica concreta. Se enfrentó a uno de los problemas que son naturales en un partido de centro. Este partido se creó por unión del ala más a la izquierda del Partido Moderado y del ala más a la derecha del Partido Progresista. 150 años después, la indefinición de los partidos centristas sigue siendo uno de sus principales problemas, ya que le sigue costando tener un contenido propio y que lo diferencie de la izquierda y la derecha.


[i] Cánovas, F. (1982). El Partido Moderado. Madrid, Centro de Estudios Constitucionales.

[ii] Durán, N. (1979). La Unión Liberal y la modernización de la España isabelina: una convivencia frustrada: 1854-1868. Madrid, Akal.

[iii]Martínez, F. Andreu (2001). Conservar progresando: la Unión Liberal, 1856-1868. Valencia, Centro Francisco Tomás y Valiente UNED Alzira-Valencia, Fundación Instituto de Historia Social.

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Fernando Yécora

Fernando Yécora Santiago (Barcelona, 1991). Es Graduado en Ciencias Políticas y de la Administración por la Universidad de Barcelona y Máster en Análisis Político y Asesoría Institucional de la misma universidad. Interesado en el análisis político, los campos en los que se ha especializado son el comportamiento electoral y los partidos políticos.

Fernando Yécora

Fernando Yécora Santiago (Barcelona, 1991). Es Graduado en Ciencias Políticas y de la Administración por la Universidad de Barcelona y Máster en Análisis Político y Asesoría Institucional de la misma universidad. Interesado en el análisis político, los campos en los que se ha especializado son el comportamiento electoral y los partidos políticos.

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