Narodnikis, España vaciada y demandas insatisfechas

La España Vaciada obtendría 15 escaños si hoy se celebrasen elecciones. Eso indica el último sondeo viral que cada semana nos pone en alerta de movernos en una campaña permanente. Pero ¿en qué han fallado el resto de los partidos?

Se trata de un claro aviso a navegantes para las grandes formaciones, y no solo me refiero al PSOE y al PP, sino también a VOX y Unidas Podemos ya que también tuvieron, o tienen, capacidad de aglutinar ese voto contra el abandono que sienten las diversas provincias enmarcadas en esta nueva plataforma política. La verdad es que ninguna de estas cuatro formaciones está sabiendo integrar las demandas de estas regiones que, al considerar que éstas están insatisfechas, buscan coaligarse en lo que lo que Ernesto Laclau llamó cadena equivalencial. Es decir, al no cumplirse estas peticiones por parte del Estado, se unen en busca de un significante que la dote de sentido. El problema que tienen estos cuatro partidos está en no entender ni abordar la evolución del eje o cleavage campo-ciudad en un nuevo estadio intensificado por la globalización y la apuesta mediterránea por el sector servicios como motor económico especialmente concentrado en zonas urbanas.

En su génesis, Unidas Podemos entendió esto con sabia ejecución. Armó confluencias en aquellos territorios singulares, con estructuras descentralizadas y conocedoras de la región que supiesen engullir todas las reclamaciones a partir de candidaturas hermanas, pero alejadas de un poder central. Sin embargo, la Ley de Hierro de las Oligarquías imposibilitó una continuación a la par que la institucionalización del partido debilitó su carácter confederal. El horizonte de posibilidad que dibujó Podemos en lugares con reclamaciones particulares como Cataluña, Galicia o Valencia consiguió cierta hegemonía en la adopción de esos deseos periféricos. Sin embargo, en la medida que Unidas Podemos fue orillando esa satisfacción de las demandas, los partidos regionalistas tradicionales recuperaron parte del flujo de votos perdido e incluso reforzaron sus posiciones. ¿Qué intento Unidas Podemos después? Fabricar un horizonte republicano capaz de reagrupar esas fuerzas, pero sabemos que esa propuesta no consigue un poder de atracción transversal en la población española de hoy.

Lo curioso de este proceso que vive España es que las posiciones periféricas están germinando en identidades particulares en torno a un significante vacío y ¿Cuál es ese significante? La España Vaciada. Esta construcción les sirve como baúl para consolidarse en un ente capaz de reagrupar estas sensibilidades autónomas, pero hermanas. Es pura estrategia populista en su máxima ortodoxia. Que no confundir con su praxis antidemocrática.

Un rápido proceso globalizador ha generado un país de dos velocidades personificado en las capitales y en unas provincias asoladas por el envejecimiento y la pérdida de interés en su ecosistema. Se trata de un proceso análogo al que vivió Rusia con los narodniki, campesinos de finales del siglo XIX. Los narodniki buscaban comunidades campesinas autogobernadas, una especie de protosoviets. En un país sin industrializar y con alta población dedicada a la actividad agroganadera, las élites rusas decidieron europeizarse lo cual generó dos identidades a raíz de la diferenciación entre el campo y la ciudad. Esta dualidad posibilitó que estos campesinos creasen una propia identidad popular —narod significa pueblo en ruso—, suceso que parece ahora darse en España con las regiones de menor densidad poblacional e incapaces de disponer de la suficiente fuerza para comprometer cambios en sus áreas.

¿Qué situación se dibuja hoy en España? Un fiel reflejo de los problemas de su sociedad con unas grandes formaciones incapaces de generar relatos adyacentes para este evolucionado eje. La propuesta que manejamos desde este espacio es que la osadía y voluntad de una transformación de país es la que puede permitir a un partido aglutinar ese voto descontento, esa cadena equivalencial de demandas insatisfechas. ¿Cómo? Con políticas acordes a las transformaciones sociales que le urgen a España. Y con comunicación, pues solo vence lo que se comunica correctamente. Que se lo digan a Churchill.

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Pedro Portas-Breda

Pedro Portas-Breda es experto en comunicación política. Graduado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y con Máster en Comunicación Política por la misma universidad. Actualmente también cursa el Grado en Ciencia Política y de la Administración por la UNED.

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Pedro Portas-Breda es experto en comunicación política. Graduado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y con Máster en Comunicación Política por la misma universidad. Actualmente también cursa el Grado en Ciencia Política y de la Administración por la UNED.

Un comentario en «Narodnikis, España vaciada y demandas insatisfechas»

  • el 19 noviembre, 2021 a las 10:52 am
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    1.- La globalización cataliza las contradicciones y dispara la diferencia campo/ciudad. En los EEUU eso se traduce en trumpismo en las ciudades y woke en ambas costas. Algo ya conocido en Europa, (Munich/Baviera, Norte Inglaterra/Londres, Varsovia/campo, etc). En España siempre fue así. Vid. sitio de Bilbao por los carlistas (1833, 1970). 2. El problema de la España vaciada deriva del mal gobierno de España. No se gobierna racionalmente sino con el poder como objetivo. Hay que añadir el agravio de introducir en un sistema basado en la igualdad un elemento de privilegio (el concierto vasco, que es mas bien un desconcierto para cualquier demócrata) y el privilegio catalán, basado simplemente en que tienen diez votos. La España vaciada abandona ese paradigma y se pasa, fuera de los partidos, claro, a una defensa territorial cerrada, como la vasca o la catalana pues ya está claro que esos espacios ni son ni quieren ni pueden ser un estado nación. Y para dotarse de mayor fuerza recupera idiomas que son dialectos. Vid. el asturianu. No veo como arreglar esto sin empezar por el principio.

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