Los hiperliderazgos centristas

Hace unos meses escribí sobre los problemas que había tenido el centro político en España y que uno de sus problemas, su indefinición, ya existía hace 150 años. Este problema que tiene el centro político nunca lo va a poder solucionar del todo, ya que el pragmatismo es una de las cualidades que siempre estará presente en el ADN centrista. Ahora bien, existe un hecho característico que ha sucedido siempre en los partidos de centro y que no tiene nada que ver con su ideología. Este hecho es que estos partidos siempre han tenido hiperliderazgos, un hecho que explicaría que el partido, en palabras de Panebianco, no se ha institucionalizado y su vida está unida su el líder. Si el líder toma una mala decisión, arrastraba a todo el partido. Esto es lo que les ha ocurrido a los partidos de centro después de la transición (UCD, CDS, UPyD, Cs). Pero si incluso nos vamos más atrás, este era un hecho constante en todas las formaciones centristas. Vamos a verlo.

El primer partido que podemos considerar de centro fue la Unión Liberal. Este partido se creó por unión del ala más a la izquierda del Partido Moderado (los puritanos) y del ala más a la derecha del Partido Progresista y el partido tuvo un fuerte personalismo en el general O’Donnell, que intentó atraer a hombres de otros partidos, pero sin garantizar una lealtad ideológica[i]. Este partido tuvo un período de éxito (estuvo en el gobierno de 1858 a 1863) y, si bien sobrevivió a su líder, después de la muerte de O’Donnell representó el ala derecha de la coalición revolucionaria de 1868.

Sin considerar al Partido Liberal de Sagasta de centro, si bien este partido tendría algunos elementos centristas como pragmatismo y reformismo, el próximo partido que podríamos definir de centro en la historia de España fue el Partido Reformista. Fue un partido creado en 1912 por Melquíades Álvarez y otros intelectuales de la época que se basaba en el apoyo de las clases medias y era accidentalista en las formas de gobierno (no les importaba una república o una monarquía, lo importante era si ésta era democrática). El partido siempre estuvo unido a su líder y se transformó en un grupo de leales a Melquíades Álvarez al que, en el mejor de los casos, pertenecían unas personalidades de enorme prestigio profesional y político, pero que carecían de una base orgánica potente, a excepción de la región asturiana, fuera de la cual no existían apoyos sociales reformistas fuertes[ii]. Este partido también estuvo en activo en la Segunda República con el nombre de Partido Republicano Liberal Demócrata, ocupando un pequeño espacio de centro.

También en la Segunda República hubo un partido que representaba el centro político. Era el Partido Republicano Radical, liderado por Alejandro Lerroux, que había dejado a un lado sus orígenes anticlericales y revolucionarios para convertirse en un reformista que apelaba a las clases medias e integrar a la derecha no republicana en el régimen para estabilizar la República[iii]. Este partido se convirtió en el partido de centro de la Segunda República, llegando a pactar, en el primer bienio con la izquierda, y en el segundo, con la derecha. Los escándalos del estraperlo y el caso Tayà, unido a la salida de su líder Lerroux como presidente del gobierno y a la creciente polarización, acabaron  hundiendo al partido en las elecciones de 1936.

Como vemos, tres de los partidos que representaban el centro político en momentos diferentes de la historia tuvieron un elemento común: un hiperliderazgo. El partido estaba hecho a imagen y semejanza del líder y contaba con muy poca base social. Ante este hecho, uno se puede hacer la pregunta: ¿es posible en España un partido de centro que no tenga una dependencia extrema del líder? Los casos en otros países indican que sí, pero en España esto nunca ha ocurrido. Todos los partidos de centro en España han tenido hiperliderazgos, ya sea en el siglo XIX o en el XXI. Éste ha sido uno de los problemas que han tenido los partidos de centro y, cuando un partido de centro deje de depender de su líder, será cuando tenga más posibilidades de estabilizarse en el sistema de partidos español.


[i] Martínez, F. Andreu (2001). Conservar progresando: la Unión Liberal, 1856-1868. Valencia, Centro Francisco Tomás y Valiente UNED Alzira-Valencia, Fundación Instituto de Historia Social.

[ii] Suárez, M. (1986). El reformismo en España: republicanos y reformistas bajo la monarquía de Alfonso XII. México, Siglo XXI.

[iii] Towson, N. (2002). La República que no pudo ser. La política de centro en España. Madrid, Taurus.

Fernando Yécora

Fernando Yécora Santiago (Barcelona, 1991). Es Graduado en Ciencias Políticas y de la Administración por la Universidad de Barcelona y Máster en Análisis Político y Asesoría Institucional de la misma universidad. Interesado en el análisis político, los campos en los que se ha especializado son el comportamiento electoral y los partidos políticos.

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